Causas
El aumento de la presión intraocular daña gradualmente el nervio óptico. El nervio óptico es como un cable formado por miles de fibras nerviosas que transmiten la información visual desde la retina hasta el cerebro. A medida que la tensión ocular elevada daña estas fibras, el "cable" va perdiendo hilos y, con ellos, información visual de forma irreversible.
También existen otros factores de riesgo que pueden causar esta enfermedad, como la edad (especialmente a partir de los 40 años), los antecedentes familiares de glaucoma, la miopía elevada, el grosor corneal fino, y determinadas enfermedades sistémicas como la diabetes.
Tratamientos
El tratamiento de primera línea consiste en colirios que disminuyen la producción de humor acuoso o facilitan su salida, bajando así la presión intraocular. Estos tratamientos deben aplicarse de forma continuada y requieren un control periódico para verificar su eficacia.
Esta es una enfermedad crónica que requiere tratamiento de por vida. El daño ya producido en el nervio óptico es irreversible y no se puede recuperar la visión perdida. Sin embargo, con un buen control de la tensión ocular mediante el tratamiento adecuado, se puede frenar el avance de la enfermedad y preservar la visión restante.
Cuando el tratamiento con colirios no es suficiente para controlar la tensión ocular, o cuando el paciente no tolera bien la medicación tópica, puede ser necesario recurrir a tratamiento quirúrgico.
La importancia del diagnóstico precoz
El glaucoma no se puede prevenir en el sentido estricto de la palabra, ya que no podemos evitar que aparezca. Sin embargo, sí podemos detectarlo a tiempo mediante revisiones periódicas, especialmente a partir de los 40 años. Esto es fundamental porque permite iniciar el tratamiento antes de que se produzcan pérdidas de visión significativas.